La fecha en la que tiene lugar una boda queda marcada de por vida en la memoria de los protagonistas del enlace en cuestión, pero también de muchos de sus invitados: amigos y familiares que celebran con alegría esta unión. Así, cada vez que se cumplen años de ese inolvidable momento, los primeros en celebrarlo son los miembros de la pareja que se casó y, cuando se trata de fechas redondas, no dudan en llevar a cabo otra fiesta con sus seres queridos.
De esto, han surgido, precisamente, las llamadas bodas de oro (50 años de casados) o bodas de plata (25 años de casados), pero hay otros aniversarios que también tienen un nombre especial y no se conocen tanto, como las bodas de algodón (2 años de casados) o las bodas de bronce. Son de estas últimas de las que vamos a hablar hoy, pues pese a pertenecer a los clásicos 'tres metales' no tienen lugar en una fecha redonda, como las de oro o plata, pero sí mucho significado.
¿Cuándo se celebran?
Como comentamos, las bodas de bronce no suceden en una fecha redonda como es el 50 o el 25 aniversario, sino a los 8 años de casados. Es decir, 8 años después de haber firmado el acuerdo matrimonial o haber celebrado una ceremonia, ya sea civil o religiosa, la pareja alcanza la categoría de bronce.
El motivo de que sea a los 8 años y no a los 10, por ejemplo, es que tradicionalmente y en la mayoría de culturas, se considera que es en este punto cuando un matrimonio ha superado una serie de obstáculos y dificultades en su relación notables y que, por lo tanto, han afianzado su unión. En otras palabras, las bodas de bronce implican el fortalecimiento y la solidificación de la historia de amor, así como la superación de altibajos en la convivencia.
Significado
Al igual que el resto de nombres, el de este aniversario no ha sido impuesto al alzar. Es el momento perfecto para agradecer a la otra parte integrante de la relación la lealtad, la confianza y el amor en todo su esplendor y demostrar a los demás la capacidad de resilencia y resistencia de cada uno de los miembros de la pareja.
Lo mismo que los materiales que componen el bronce: cobre y estaño. Dos elementos que, unidos, forman un metal de alta resistencia ante las corrosiones y que, por mucho que se oxide, continúa ejerciendo su función; lo que metafóricamente puede compararse con el amor eterno entre dos personas.